La Ley del Espejo: “Lo que niegas, te somete y lo que aceptas, te transforma”.

La Ley del Espejo nos plantea que el origen de nuestros sentimientos negativo hacia una persona, está en nuestro “corazón” y no en la otra persona. O sea que, lo que nos enseña esta ley, es que los sentimientos tienen su origen en nuestro interior y es por eso que somos nosotros los responsable de manejar creencias, ideas y malos pensamientos hacia los demás.

“Lo que niegas, te somete y lo que aceptas, te transforma”.

Porque el enfado, habitualmente, es con uno mismo y no con el otro. Es decir, todo comienza y todo termina en el sí mismo, pues es la proyección la que juega con nuestra mente, como si nuestra realidad fuese un espejo que nos devolviese la imagen que estamos generando.

Lo que nos molesta de los demás, es lo que nos negamos a nosotros

¿por qué no reaccionamos ante una situación de la misma forma con todo el mundo? ¿Por qué un simple y seco  “hola” nos irrita de unas personas y no nos provoca reacción alguna si lo pronuncian otras? La respuesta es simple: no guardamos lo mismo hacia unas personas que hacia otras.

AUTOCONOCIMIENTO PERSONAL

Si alguien nos despierta emociones desagradables, aunque no lo sepamos, probablemente, es porque de algún modo refleja algo de nosotros mismos que no queremos ver y tenemos que trabajar en ello, dándole espacio para permitirlo, sanarlo, o liberarlo.

No obstante, los problemas solo se solucionan de raíz si modificamos nuestro estado interno, porque si esperamos que cambien los demás y las situaciones que nos envuelven, nunca nos sentiremos satisfechos. La actitud es lo que marca la diferencia y el primer paso para mejorarla es la toma de conciencia.

Al hacerlo plenamente, nos damos cuenta de que no tenemos por qué sentirnos constantemente víctimas de nuestras circunstancias. En gran medida, en nuestras manos está cambiar la realidad, adquiriendo la responsabilidad por nosotros, y brindándonos la oportunidad para actuar y dejar de sentirnos indefensos y desprotegidos ante el resto del mundo.

Experimentaremos tal transformación interior que llegará a afectar al exterior, cambiando a mejor todo aquello que antes nos disgustaba.

Finalmente, lo esencial es el perdón. Si sentimos resentimiento hacia alguien y no lo conseguimos perdonar, difícilmente podremos encontrar la calma y estabilidad emocional que tanto ansiamos. Cuando estás resentido te encuentras con dos opciones: decidir perdonar o decidir no hacerlo.

Es una elección, y toma su tiempo, no es algo que se pueda hacer de la noche a la mañana, pero el escoger no hacerlo puede significar quedarse anclado al pasado.

Sin embargo, es factible perdonar a distancia, sin mediar palabra con la persona, pero liberando el dolor acumulado y soltando el rencor. Lo que está claro que el perdón aporta calma y liberación. Favorece a estar más preparado para afrontar nuevos retos y dejar que entren las cosas buenas a tu vida.

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